La Semana Santa de PSOE y Podemos.Aburrimiento y repulsión.

Una vez transcurrida ya la Semana Santa me veo en la necesidad de pronunciarme sobre los excesos, las pasiones y las emociones que genera este tipo de celebraciones.

Unos excesos que van más allá de la libertad de conciencia que yo siempre defenderé.

Unas pasiones que rozan lo chabacano y que se alejan del culto religioso.

Y unas emociones que no se corresponden con la situación actual tanto económica como social. Sí, yo creo que hay cosas más importantes en la que mostrar esa emoción.

¿Y el gobierno qué?

El problema religioso o el problema del laicismo ha sido y es una bandera de los dos partidos tanto PSOE como Podemos.

Ellos fueron los que se declararon laicos, aconfesionales e incluso ateos.

También fueron ellos y siguen siendo los promotores de calumnias y difamaciones sobre la iglesia.

Señalaron a la religión cristiana y la Iglesia en su conjunto como defensores del  franquismo y a su vez se proclamaban ellos como vanguardia anticlerical.

Fanfarroneaban que iban a eliminar la religión de las escuelas.

Presumían y siguen presumiendo de ser el azote de los beneficios y los privilegios de la Iglesia.

Dos ejemplos para entender esta situación. Por un lado están las visitas y actos institucionales con el papa Francisco de la ministra Yolanda Díaz, en un pasado atea y marxista ortodoxa, que por lo visto ha cambiado de postura[1].Y por otro lado, un ejemplo de menos importancia, que refleja a mí entender la situación es la programación[2] de dos cadenas de televisión: una privada financiada y apoyada por la Iglesia Católica, y la otra pública donde el control es del “gobierno más progresista de la historia”. En las dos la programación religiosa es amplia y destacada, la primera comprensiblemente  basa sus principios y su audiencia en la fe cristiana. En la segunda, pública y supuestamente aconfesional, se entiende menos.

En conclusión las religiones de todo tipo han profesado un exceso, una pasión y una emoción por las dictaduras o regímenes beneficiosos para sus intereses, que está fuera de todo duda.

Así como ateos o agnósticos han profesado un exceso, una pasión y una emoción por las dictaduras, regímenes o prácticas de persecución religiosa que cualquiera que esté a favor de la libertad de expresión o libertad de conciencia rechazaría sin dudar.

 

Nel “El predicador”

 

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