Pablo Iglesias. La inmundicia política.

Pablo Iglesias debió pensar que su inteligencia no podía quedarse desocupada y ofreció sus servicios a Pedro Sánchez. Y tanta inteligencia debió ver el presidente, que lo nombró vicepresidente segundo y ministro de derechos sociales y agenda 2030.

Pablo Iglesias, que hablaba mucho de pureza y dignidad y que no le deseaba nada bueno a los gerifaltes del sistema, asumió los cargos con “buena voluntad” sabiendo que sus servicios eran sin utilidad.

Pablo Iglesias se da cuenta de que prestar sus servicios a los que decía combatir es algo que no concuerda con la pureza afirmada con tanta frecuencia  y que el momento histórico del supuesto cambio político no se dará y en consecuencia no hay razones para andarse con escrúpulos: es el momento de pasar  con mucha sutileza de la realidad política a relatividad política.

La evidencia nos muestra que el supuesto carácter, claridad e inteligencia de Pablo Iglesias no era para tanto y que más bien ostentaba una ceguera imperdonable que le ha llevado al descrédito y la deshonra.

Esperemos que los tiempos en que la ética ocupaba un lugar destacado en la vida política vuelvan  y los resistentes, sufridores y víctimas de la política sucia y mezquina de Pablo Iglesias se rebelen contra los hereder@s de su  doctrina perversa.

Es el momento de no adoptar una postura neutra sino de hacerles pagar un precio por los padecimientos sufridos.

Nel “El predicador”

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